Menos correcciones por “sensación”
Dejas de ajustar a ojo cada foto “hasta que te convenza”. Trabajas contra un estándar.
El “problema del color” no es que tu ojo falle. Es que tu flujo no tiene un estándar. Un colorímetro te da algo valioso: previsibilidad.
La raíz del problema
El color cambia por una combinación de factores: cada pantalla emite distinto, cada entorno ilumina distinto, y tu cerebro se adapta. Por eso puedes jurar que algo está perfecto… y al abrirlo en otro sitio se desmorona.
Qué ganas
No vas a convertir tu monitor en una imprenta. Pero vas a conseguir algo que sí te ahorra horas: un punto de partida estable.
Dejas de ajustar a ojo cada foto “hasta que te convenza”. Trabajas contra un estándar.
Lo que ves en tu monitor se parece más a lo que verá el cliente (dentro de límites).
El salto pantalla→papel deja de ser una lotería. Sigue habiendo variables, pero bajan los shocks.
Flujo recomendado
Si haces esto bien, ya estás por delante del 90%:
Errores típicos
| Error | Qué provoca | Solución práctica |
|---|---|---|
| Calibrar con brillo altísimo | Todo parece bien y luego sale oscuro al imprimir | Ajusta brillo a entorno real. No edites “como faro”. |
| Entorno cambiante | Hoy te parece cálido, mañana frío | Calibra y edita en condiciones similares. |
| Perfil no aplicado | “No noto diferencia” | Comprueba que el sistema usa el perfil correcto. |
| Esperar “exactitud absoluta” | Frustración | Busca consistencia, no perfección irreal. |
Qué comprar
La compra sensata se basa en tu realidad: cuántas pantallas, cuánta exigencia, y si vas a mantener la rutina.
Un colorímetro fiable y un buen proceso te dan el 80% del resultado.
Guías por criterios, no por lista infinita.
Primero entendemos herramientas. Luego gastamos dinero.
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