Usos del colorímetro

Un colorímetro no es un “aparato mágico”. Funciona muy bien en algunos contextos… y es inútil en otros. Aquí tienes los usos reales y el criterio para decidir.

Antes: qué estás intentando resolver

La gente compra colorímetros por dos motivos muy distintos: medir color en superficies/pantallas o medir concentración en líquidos. Si mezclas esos dos mundos, te equivocas de equipo.

Si tu objetivo es monitor/superficie, estás en “colorímetro de color”. Si tu objetivo es agua/lab, estás en “colorímetro fotométrico”. Punto.

Principales usos del colorímetro

3) Control de calidad industrial

El objetivo es reducir subjetividad: comparar lotes, verificar tolerancias y tomar decisiones consistentes. El equipo ayuda, pero el método manda.

4) Fotografía y diseño

Gestión del color coherente entre dispositivos y entregables. Aquí es donde muchos “se creen que calibran” pero no controlan el entorno ni el flujo.

Cuándo NO tiene sentido usar un colorímetro

Hay compras que “suenan bien” pero no aportan retorno real. Si te reconoces en esto, no compres (todavía):

  • Solo quieres “verlo bonito” sin estándar ni objetivo.
  • No vas a repetir la medición en el tiempo (sin rutina, no hay control).
  • No te importa la consistencia entre pantallas, impresiones o lotes.
  • Buscas resolver un problema de luz/entorno con un aparato (no funciona así).
Si tu duda es “¿me hace falta algo más avanzado?” empieza aquí: /colorimetro-vs-espectrofotometro/.

Siguiente paso (decide bien)

Si ya tienes claro el uso, ahora sí: eliges equipo. No por marca, no por hype: por encaje con tu caso real.